martes, julio 15, 2008

Paraguay en el Camino de la Esperanza


(Publicado en El Mostrador Julio 15,2008)

En su más famosa obra literaria e histórica, “Las Venas Abiertas de América Latina”, Eduardo Galeano nos habla del Paraguay de otrora, el que en sus primeros años de independencia del Imperio Español, era el único país de la América del Sur que de veras toco las alas de la libertad real y eficaz y que, por ello, fue aplastado en el nombre de esa curiosa e hipócrita libertad de comercio que tanto gusta a empresarios, oligarcas y capitalistas. Paraguay no estaba dominado por esa lacra de la deuda externa y desde el final de la colonización española, en 1811, el Estado paraguayo practicaba el proteccionismo para conformar una barra de protección a su industria nacional y a su mercado interno. Llegó a ser el Estado más avanzado de la región latinoamericana, por lo que el Imperio Británico, en 1986 instigó la llamada Guerra de la Triple Alianza que articulaba a Brasil, Argentina y Uruguay, a fin de terminar con la experiencia paraguaya que amenazaba con extenderse por la región, dificultando las ganancias que el “libre comercio” le proveía a los británicos. Se recuerda como la guerra más cruel de la historia hispanoamericana, ya que, después de cinco años de matanzas, dejó con vida escasamente a una sexta parte de su población. Lo que viene después es una liturgia mil veces repetida, al Paraguay se le impusieron sanciones económicas draconianas, debió ceder parte importante de su territorio a los otros países de la Triple Alianza y, cómo no, pagar las deudas de la guerra. Entonces, un país que se había desarrollado durante 60 años sin recurrir a la deuda externa, comenzó a repetir esa trágica historia del continente.

Le herencia de esa innoble gesta bélica se ha perpetuado hasta nuestros días. Según el "Informe Nacional sobre Desarrollo Humano Paraguay 2008: Equidad para el Desarrollo”, la alta concentración de las tierras indica que el 1% de la población tiene el 77% de las tierras y del ingreso y que el 10% más rico se lleva el 40% de la riqueza del país. Es tan poca la atención que los diferentes gobiernos de signo oligárquico han dado a los más pobres, que Paraguay exhibe uno de los más bajos gastos sociales de la región, llegando al 9% según el PNUD, lo que contrasta con el 20% promedio de los países de la región. Es también un país con un sistema tributario altamente regresivo, dado que el máximo impuesto a la renta llega al 10% cuando en Argentina es un 35%, en Brasil un 28%, y en Uruguay llega al 40%. Por su parte, la pobreza extrema llega al 20% de la población y 2,5 millones viven con menos de dos dólares por día, es decir, un 42% de la población. Otras cifras son más crudas y nos hablan de más del 50 % de la población viviendo bajo el umbral de pobreza y de un 35 % en la miseria absoluta. El desempleo alcanza aproximadamente a un 11% de la población económicamente activa, mientras que el empleo informal abarca a cerca de una cuarta parte de los trabajadores.

Como todo país latinoamericano, Paraguay es víctima de los capitales trasnacionales que usufructúan de los recursos naturales y energéticos. En particular, ha sido severamente afectado -en su soberanía hidroeléctrica- por los acuerdos que dieron origen a los contratos de Itaipú y Yacyretá, firmados por la dictadura de Stroessner con Brasil y con la Argentina de Perón. Ambos tratados perjudicaron significativamente a Paraguay. En el tratado de Itaipú se establece que la energía producida se repartirá en partes iguales para cada país, pero asegura también a cada país poder adquirir la energía que no sea utilizada por el socio para su consumo interno. Obviamente, como Paraguay consume solo el 5% de la energía producida en Itaipú, se ve obligado a vender el excedente a Brasil y a valores muy por debajo de los precios de mercado. El acuerdo de Yacyretá con Argentina es muy similar y perjudicial para el Paraguay. Según las cifras entregadas por Lamarque en Rebelión, los ingresos recibidos por Paraguay de la explotación de Itaipú, son apenas un 7,5% del valor real de mercado.

Este es el país con el que comenzará a tratar Fernando Lugo –ex obispo católico de San Pedro, una de las regiones más pobres del país- el 15 de agosto próximo cuando llegue formalmente a la presidencia de Paraguay. No son pocos los desafíos ni los entorpecimientos que enfrentará su gestión, a pesar de su voluminosa victoria cercana al 41% sobre la candidata del Partido Colorado Blanca Oviedo (31%) y sobre el ex general Lino Oviedo (22%). No obtener la mayoría absoluta no constituye obstáculo en Paraguay pues las elecciones presidenciales se deciden en primera vuelta por mayoría simple. Su participación en política es muy reciente, sólo a fines del 2006 abandona el sacerdocio para involucrarse en política, después de que 100 mil firmas lo conminan a tomar esa opción. La sorpresa y el cambio han sido muy significativos e ilustrativos para la región latinoamericana, ya que logró conformar una coalición denominada Alianza Patriótica para el Cambio (APC) que incluyen a grupos de izquierda más bien radicales y al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), pasando por todo el espectro político. La gesta política de Lugo –muy al estilo de la frescura y vitalidad que siempre ha demostrado la región latinoamericana- puso fin a la hegemonía del Partido Colorado, que gobernó sin contrapeso ni alteraciones durante 61 años.

Hasta ahora, las cosas para Lugo marchan miel sobre hojuelas. De hecho y según una encuesta de la empresa Gabinete de Estudios de Opinión (GEO), encargada y publicada por el diario La República del Perú, el 59,7% de los paraguayos considera que su gobierno será bueno. Es más, un 14,8% cree que la administración de Lugo será "muy buena". Sin embargo, el mismo estudio realizado entre el 20 de junio y el 3 de julio pasados, también señala que el 56,3% de los consultados considera que Lugo "la tendrá difícil". Claramente esta percepción no es equivocada. Por una parte, deberá enfrentar los conflictos y contradicciones de su propia coalición de gobierno –la Alianza Patriótica para el Cambio- que por su naturaleza políticamente multifacética es posible aparezcan a poco andar su gobierno. Al respecto el desafío es consolidar los cambios en la dirección de la democratización, la justicia social, la transparencia del aparato público, la distribución de la propiedad de la tierra y de la riqueza, sin que por ello encuentre resistencias dentro de los sectores liberales de su coalición. No sería justo para los más pobres ni para los siempre marginados del Paraguay y de América Latina que –en aras del equilibrio interno- el gobierno del presidente Lugo se alineara a políticas económicas cercanas a las que han venido practicando en Chile los gobiernos de la Concertación, que han sido un duro golpe a la esperanza y una desenfadada traición a la voluntad popular.

No obstante, lo más peligroso para el futuro de Paraguay es la férrea oposición que instalarán –ya es clásico en nuestra América- los empresarios, latifundistas y políticos de derecha que ven amenazados sus intereses con la sola elección de un hombre que no viene de sus filas. No habiendo asumido la presidencia formalmente aún, estos sectores oligárquicos ya deben estar planificando sus estrategias. Así lo han hecho siempre en América Latina con el respaldo también clásico de los Estados Unidos. En Chile llegaron al extremo de asesinar al comandante en jefe del Ejército por negarse a desconocer el resultado electoral que llevó a la Presidencia de Chile a Salvador Allende. Así también en el Paraguay, el Partido Colorado y sus representados –la oligarquía latifundista y empresarial- establecerán una feroz oposición a los cambios que están pensados en el Paraguay de Fernando Lugo.


Nada menos podemos esperar si pensamos en que dentro de los principales postulados de su gobierno están, por una parte, una revolución agraria integral que necesariamente deberá afectar la propiedad de la tierra y, por otra, un programa de reactivación económica ligado a una mayor justicia social, lo que necesariamente debería pasar por aumentar el gasto público, la carga tributaria de los sectores más ricos y una mayor ingerencia del Estado en la economía paraguaya. Nada de esto es ni será del gusto de la oligarquía empresarial y latifundista que, como es obvio, hará todo lo posible por cerrar el paso a los cambios y consternar la sociedad y la economía paraguaya. No faltará quien acuda a la siempre bien dispuesta “cooperación” norteamericana para “afianzar la paz y la libertad” en el continente americano.

No es menor la esperanza que levanta en Paraguay y en toda América Latina la llegada a la Presidencia de Paraguay de Fernando Lugo. No es menor tampoco la resistencia que enfrentará por parte de los empresarios y de los dueños de la tierra, la que no se fijará en gastos ni en conductas aberrantes para detener el proceso. Lo saben hacer, lo han hecho mil veces y lo seguirán haciendo pues han tenido mucho éxito en ello. Lo que aún no sabemos y constituye todo un misterio, es la fuerza, la lucidez y la habilidad política de Lugo, su coalición y del pueblo paraguayo para resistir los embates políticos que se avecinan.

Para todos aquellos que soñamos con una América grande y generosa que acoja a todos los hijos nacidos de su tierra, el proceso que comenzará a vivir el Paraguay, constituye todo un gesto de progreso y de esperanza que nos hacen confiar en que, como lo dijo Salvador Allende, los grandes valores de la humanidad terminarán finalmente por imponerse.

Marcel Claude, Economista.

4 Comments:

Anónimo said...

También pertenezco a aquellos que sueñan con un continente grande y unido, y anhelo que se impongan los grandes valores de la humanidad, como dijera el Chicho.
Fuerza hermanos del Paraguay!!.

Fraternal abrazo.

Camilo Carrasco Z.
Culturaenmovimiento

revista bipolar said...

mire señor marcel, hice un video acerca de la depresión y el calentamiento global:

http://soy-bipolar.blogspot.com/2008/07/se-cae-la-tierra-poema.html

El Hueso said...

Al igual que el amigo de arriba, tb sueño con una latinoamerica unida que se abraze como hermanos. Nada de andar haciendole caso a intereses extranjeros yankis, que van en su directo beneficio.

No seria raro que el modelo neoliberal use todas las artimañas conocidas para hacer caer este nuevo gobierno.

Pero tampoco seria raro que los ideales se levanten una vez más y sepan aguantar una y otra vez los embates economicos.

Los grandes valores siempre terminan por imponerse, las criticas a este sistema ya son reiteradas. Falta la propuesta de hacia donde hay que ir, cual es la solución.

Esto ya se les esta escapando de las manos.

Saludos Marcel

Un abrazo fraternal al pueblo paraguayo.

SerHumanoLibre said...

¿Qué diferente tiene América Latina de la de ayer?

Esta pregunta podría darnos pistas acerca de que resultados se pueden esperar de los actuales movimientos políticos.
Algunas cosas se repiten es verdad, hoy como ayer, jóvenes de todas las clases sociales comienzan a estar hartos de la clase política.

Hoy como ayer nos vamos enterando de que la dependencia a las potencias económicas globales no son azares del destino.
Hoy como ayer construimos medios para informarnos e intentamos romper las barreras comunicacionales que siempre quieren dividirnos.

Pero la única diferencia que puedo apreciar al ayer, son dos momentos que los medios ocultaron, pero que de todas maneras hemos logrado comunicar (aunque falte)Han sido los pueblos los que en dos países fundamentales de la región han puesto y han sacado gobiernos, y no han sido los militares de derecha los que triunfaron, pese a la represión.

Argentina se levanto contra un estado de sitio decretado por De la Rúa. Se levanto y se sacudió de un golpe buena parte de la clase política corrupta que administraba el capital extranjero. Y más importante que el recambio de la clase política, fue la creación de distintos movimientos sociales que reclaman autonomía para sus medios de producción como son, por ejemplos, el movimiento de fabricas recuperadas ("ocupar, producir, resistir"). Silenciadas por las empresas de información.

Venezuela, al revés que Argentina, pero en el mismo sentido de poder popular, se resistió como pueblo al golpe militar dirigido desde las empresas de siempre junto a USA por derrocar a Chavez en el 2002, golpe militar silenciado por las empresas de información y apoyado por Lagos desde Chile. Este movimiento permitió enarbolar el lema de que el gobierno debe obedecer.Y dio cuenta al gobierno de Chavez de que si esta en el poder, es porque los venezolanos se lo permitieron. Un de lógica que por desapercibido no puede dejar de ser importante.

Estas dos variables me llevan a pensar que hemos podido, bajo esta globalización económica de derecha y mirando la historia, sacar lecciones para poder neutralizar la resistencias a los cambios que la gente, y no gobiernos capitalistas, desean. Creo que la antigua novedad que ha permitido esto, es la conciencia de que el poder verdaderamente radica en las personas, y no en los gobiernos, y que pese a las iniciativas que estos manifiesten, son las personas las que deben tomar su destino en sus manos.

Otra variable importante diferente a ayer es que el consumo, azusado por el capitalismo global, nos esta llevando a la destruccion de nuestro propio planeta, en el fondo es darnos cuenta de que nos devoramos a nosotros mismos. Y eso, quierase o no, los gobiernos Neoliberales y sus instituciones (FMI, OMC, BM, UE y USA, etc) ya no pueden ocultar, es demasiado evidente su responsabilidad y es demasiado evidente las mentiras que publican día a día para intentar engañarnos.

Si la gente en paraguay se organiza y sabe con lo que se va a enfrentar, podrán llevar a cabo los cambios que a ellos beneficien y no al gran capital. Y podrán recuperar la Tierra, en todos los sentidos, para ellos, y no para ser devorada.

Es fácil derrocar a los gobiernos, en Chile lo sabemos bien, pero es imposible derrocar a la gente organizada con conciencia de que su destino esta en sus manos, y que de ellos depende su hogar.