sábado, mayo 05, 2012

Bases y Fundamentos del Proyecto Emancipador para la Segunda Independencia de Nuestra América


"Yo quiero unir mi destino al de los pobres del mundo."  (José Martí)



El modelo económico chileno de acumulación, depredación e injusticia social como proyecto de modernidad tecno-capitalista y oligárquica

“Canto de estatuas, grito de coronas, llanto de corazas y bahías, y el discurso funeral de los cipreses que persiguen eternamente lo amarillo, te rodean; nosotros, entre lenguas de perro y lágrimas elementales, no somos sino sólo fantasmas en vigencia…”   (Pablo de Rokha)



El modelo económico chileno se inscribe en la larga historia del proyecto modernizador que se instala durante el Siglo XIX con las guerras de independencia. Un proyecto que intentó, a partir de la Independencia, construir estados nación modernos y desarrollados, pero, sobre la base de una identidad acrítica con la modernidad europea (Francia e Inglaterra particularmente), con la certeza de que ésta era la clave del progreso. Esta modernidad, no sólo estaba inspirada en el modelo liberal europeo, sino que también, era profundamente oligárquica y no contemplaba a los mestizos, ni a los negros ni a los pueblos originales. Era una modernidad blanca. Esto era y fue contrario al proyecto de Nuestra América de José Martí, el cual no sólo era crítico del racismo imperante, a partir de la dicotomía “Civilización y Barbarie” instalada por Sarmiento en el Facundo, sino que también, era crítico de la actitud exhibida por la intelectualidad decimonónica tan propensa a la imitación e importación de modelos políticos y económicos. No obstante, Martí abrió una puerta hacia la segunda independencia, que aún está vigente y que alimenta los actuales y futuros proyectos emancipadores.

La Modernidad emerge en el mundo, gracias a hechos revolucionarios que cambiaron radicalmente el devenir de la historia. Por una parte, la revolución francesa y la norteamericana, instalan la posibilidad de modificar el orden político, el que nunca más será entendido como un orden heredado sino más bien como uno producido, a partir de la noción de los derechos humanos y la plena convicción de su superioridad moral. La Revolución Industrial -iniciada en los talleres de Manchester- puso fin al temor de la penuria económica y la escasez. La posibilidad de la producción en masa y a gran escala, permitió alejar el temor del hambre y abrió la mente del hombre hacia la posibilidad del progreso material. La Reforma Protestante, pone fin a siglos de uniformidad y autoritarismo moral católico, abriendo también las posibilidades éticas de la burguesía para sustentar su proyecto de acumulación capitalista (weber “El Espíritu del Capitalismo”). La revolución científica y el pensamiento ilustrado, incrementan el campo del conocimiento, lo liberan y emancipan de preceptos religiosos, lo que no sólo se pensaba elevaría el estatus moral de la humanidad, sino que también, permitiría el progreso social, político, científico y social, sobre la base de la expansión del conocimiento.

La Modernidad era, entonces, un proyecto de horizontes paradisíacos, altamente aspiracionista, que fundamentaba el progreso sistemático de la humanidad en el poder de la razón, de la diosa razón y, particularmente, de la razón técnica e instrumental. No obstante, aunque la Modernidad y la utopía de la emancipación que ello implicaba, eran el proyecto, lo que realmente se realiza es un proceso de modernización (Habermas), en el cual se verificaría la supremacía de la razón instrumental, postergando o simplemente subordinado la razón estética, por ejemplo, a las exigencias del progreso material y de la razón técnico-económica. Este desvío del proyecto emancipador, es posible verificarlo, entre otras cosas y por excelencia, en lo que fuera la gesta colonial, base primaria de la acumulación capitalista original. Ya lo decía Marx en el capítulo XXIV de El Capital: El capitalismo entró en el mundo chorreando lodo y sangre. América Latina periférica, desde donde provenía la sangre y el lodo que chorreara el capitalismo en su origen, no sólo fue una de las grandes víctimas de la acumulación capitalista original, sino que también, aún sigue siendo víctima de tales procesos que se han materializado sostenidamente en su historia moderna. De allí que aún siga vigente el proyecto de impulsar la segunda independencia emancipadora.

Con la aparición de “La Condición Postmoderna” de Jean François Lyotard, en la que se anuncia el fin de los grandes relatos (Cristiano, Marxista, Iluminista y Capitalista) en tanto proyectos emancipadores y capaces de llevar a la humanidad a un estado superior de justicia, libertad e igualdad, así como, con el trabajo de filósofos tan destacados como Martín Heidegger, “Ser y Tiempo”, quién hace una feroz crítica al tecno-capitalismo postulando el olvido del ser y el abandono del hombre hacia el control de los entes (la mercancía y las cosas), o también, con el trabajo de Michel Foucault (“Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas”), en donde sostiene que las ciencias desarrolladas por el hombre, no tienen por objeto su ascenso y emancipación, sino más bien, el control y dominio de éste. Estos y otros tantos intelectuales del siglo XX, abrieron una crítica profunda y fundada a la Modernidad sustentada en la razón instrumental, una crítica construida sobre la base de una creciente desconfianza y la pérdida de las certezas a las que habíamos arribado con el proyecto modernista, en el sentido de un estado superior de existencia.

El modelo económico chileno, es en su total cabalidad un proyecto modernizador oligárquico que recoge in extremis todas las falencias de la modernidad tecno-capitalista que ha soslayado y, peor aún, desdeñado el proyecto emancipador y libertario que diera origen a este proyecto civilizacional. En este sentido, el modelo económico chileno no es más que un patrón de acumulación que se inscribe en el proyecto de dominación de la oligarquía elitista que siempre se las ha arreglado para conducir los procesos políticos, articulada y en armonía con el proyecto global de acumulación capitalista. Con el golpe militar y después de un repliegue de unos 20 a 30 años, la oligarquía retoma el poder y el control de la sociedad chilena. Para ello, operó las siguientes transformaciones:


  • La liberalización de los mercados. Era necesario liberar los precios y eliminar la regulación de los mercados para así, liberar y potenciar el proceso de acumulación.
  • La privatización de empresas públicas. Estas privatizaciones permitieron reorientar los excedentes producidos por dichas empresas, muchas de las cuales eran de gran escala y envergadura, desde el interés público al interés privado, convirtiéndose estas empresas, en importantes instrumentos de acumulación privada y de concentración de la riqueza. Esto constituyó un proceso fundamental en la privatización de la riqueza nacional.
  • La apertura de la economía. El objetivo de esta política era ampliar los mercados y evitar la estrechez que mercados pequeños como el chileno, le imponían a la realización del capital y al incremento de la tasa de ganancia.
  • La flexibilidad laboral. El costo de la mano de obra, constituye uno de los más importantes dentro de la función de costos de la empresa. Por lo tanto, era necesario instalar los mecanismos institucionales que permitieran rebajar dicho costo. El planteamiento más acertado fue la flexibilización laboral que permitiría incrementar la oferta de trabajo y de esa manera, reducir el salario y las remuneraciones.
  • La transnacionalización de los recursos naturales. En la medida que el país vio mermada su capacidad de desarrollo industrial, el derrotero del proceso global del capitalismo, abría una oportunidad para que el proceso de acumulación doméstico continuara por la vía de incorporarse con la producción y exportación de commodities. Esto requería necesariamente la transnacionalización de los recursos naturales y su plena incorporación al proceso global de producción. Esto implicó una apertura de la economía chilena brutal hacia la inversión extranjera, siendo hoy Chile, uno de los 5 países más extranjerizados del mundo, con un incremento gigantesco de las exportaciones de productos de baja o nula elaboración industrial.


Tesis

Estos antecedentes nos permiten sustentar la tesis de que el modelo económico chileno es un patrón de acumulación de riqueza cuya fuente es la explotación del trabajo y de la naturaleza. En términos marxistas, podríamos aventurar que la tasa de ganancia es el resultado de la explotación del trabajo (apropiación de surplus laboral) y de la explotación de la naturaleza (apropiación de la productividad biológica de la madre tierra o de la Pachamama).


Antecedentes Estructurales de la Economía Chilena


“Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo;
lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”. (Eduardo Matte Pérez, bisabuelo de Eliodoro Matte Larraín. Diario El Pueblo, 19 de marzo de 1892)



El agente por excelencia de esta refundación de la modernidad oligárquica de la burguesía chilena es el grupo económico. Los grupos económicos se apropian de las rentas productivas que se encuentran en la naturaleza o en la fuerza de trabajo. Las reservas naturales (biomasa de recursos pesqueros, bosques naturales y recursos mineros) se van agotando paulatinamente ante la explotación irracional, cuyo objetivo indiscutible es acrecentar la riqueza concentrada en estos grupos económicos. Chile no es una excepción, sino un paradigma por excelencia de esta forma de utilización de los recursos naturales. Los cinco principales grupos económicos (Luksic, Matte, Angelini, Paulmman y Piñera) concentran una riqueza aproximada de 50 mil millones de dólares, lo que equivale al 20% del Producto Interno Bruto del país.

El carácter monopólico de la economía chilena en manos de los grupos económicos se puede apreciar, tanto en el mercado interno, como en el mercado externo. Mientras internamente el 1% de las empresas -que son las mega y grandes empresas- realizan más del 85% de la facturación, en el mercado externo, éstas realizan más del 96% de las exportaciones. Contrariamente a esto, las mega y grandes empresas no ofrecen ni el 10% del empleo, el que se encuentra concentrado en la pequeña y mediana producción.

En la minería, el proceso de acumulación capitalista se verifica en un promedio anual de 26 mil millones de dólares, como ganancias de las empresas multinacionales que explotan más del 70% del cobre chileno, las que dejan al Estado por concepto de impuestos, un tercio de lo que aporta la minera estatal Codelco. Durante el año 2011, las ganancias superaron los 35 mil millones de dólares, lo que equivale a 3 veces el presupuesto nacional para la educación, 7 veces el presupuesto de la salud y 12 veces el presupuesto de la vivienda (Caputo). Claramente, estas cifras nos permiten hablar de un claro, neto e incuestionable proceso de acumulación y no de un proceso de desarrollo en el que se privilegia la salud, la educación y la vivienda de la ciudadanía.

En la industria pesquera, las cosas no son muy diferentes, la legislación chilena –mediante escandalosas operaciones de desenfadada corrupción en manos del entonces Presidente del Senado, Andrés Zaldívar- ha ido entregando paulatinamente la riqueza pesquera a los grupos económicos e industriales. Hoy en día, más del 95% de las cuotas pesqueras están concentradas en manos de 6 grupos económicos, los que no superan el 10% de la mano de obra de este rubro, mientras que la pesca artesanal, responsable de más del 90% del empleo y siendo un sector social vulnerable, no alcanza a ocupar el 5% de dichas cuotas. Esto ha destruido a la pesca artesanal y ha fortalecido el proceso de acumulación de los grandes consorcios pequeros. De igual forma, verificándose la tesis de la acumulación sobre la base de la explotación del trabajo y la naturaleza, el desarrollo de la industria pesquera se ha hecho a costa de la casi total extinción de las principales especies pesqueras. Entre 1975 y 1995, años de la gran expansión de esta industria, en Chile se multiplicó por ocho el desembarque pesquero, cuando en el mundo entero, en treinta años se multiplicó por 3, lo que ha sido considerado un fenómeno grave de crisis ambiental y alimentaria. A mediados de los noventa, Chile vivió un colapso pesquero producto de la sobre explotación y hoy el sector continúa viviendo las consecuencias de dicho fenómeno.

La industria forestal, otro de los pilares del proceso de acumulación capitalista se ha desarrollado sobre la base de la extinción de los bosques nativos chilenos, debido al proceso de sustitución de éste por especies exóticas (pino y eucalipto) que ha sido imposible de extirpar de las prácticas forestales, así como de la ocupación de las tierras mapuches que han dado origen a un agudo e interminable conflicto social. Entre 1985 y 1994, es posible estimar la desaparición de entre 900 mil a 2 millones de hectáreas de bosque nativo como resultado de la expansión de la industria forestal. Así también, el pueblo mapuche ha perdido, a manos de las empresas forestales, más de 100 mil hectáreas desde 1980.


Como resultado de este modelo, se ha venido verificando un proceso de incremento de la pobreza y de la desigualdad. No es otra cosa lo que se puede esperar de un modelo que ha limitado severamente los derechos políticos y sociales de la sociedad chilena. Aún se funciona con el plan laboral heredado de la dictadura militar y, aún está vigente la constitución de 1980, engendrada por una de las mentes más brillantes al servicio de la oligarquía –Jaime Guzmán- y refrendada por uno de los presidentes más deshonestos de la historia política chilena –Ricardo Lagos Escobar.

Medida la pobreza con el indicador tradicional, la línea de pobreza que se construye sobe la base del costo de las calorías mínimas y de que el 50% del ingreso se gasta en alimentación, la pobreza en Chile llegaría a los 2,5 millones de personas. Pero, aplicada la metodología norteamericana, la pobreza llega fácilmente a los 6 millones de chilenos y, peor aún, considerando la metodología europea que entiende la pobreza como un concepto relativo y en función de las necesidades vigentes, la pobreza se empinaría a más de 7,5 millones de personas. Pero, si consideramos el real costo de la vida en Chile, no podríamos menos que suponer que una persona no cubre adecuadamente sus necesidades con ingresos por debajo de 300 mil pesos mensuales, es decir, la pobreza en Chile, entendida como aquel segmento que no cubre sus necesidades adecuadamente, llegaría al 90%. Esta cifra no es tan descabellada si consideramos que, de acuerdo al INE, el 80% de los hogares vive con ingresos inferiores a sus gastos y que el 90% -según la encuesta CASEN- de los hogares chilenos tiene un ingreso familiar inferior al millón de pesos.

Lo anterior es consistente con la sentencia que en Chile se vive una abrumadora desigualdad. El crecimiento de ésta se verificó particularmente entre el año 2006 y el 2009, precisamente los años del gobierno de Michelle Bachelet, la última mandataria de la Concertación. Mientras en el 2006 el 10% más rico tenía un ingreso 53 veces superior al 10% más pobre, esa diferencia para el año 2009 se empinó a 79 veces, es decir, un incremento del 50% en la desigualdad entre los extremos. Por otra parte, la diferencia entre el máximo ingreso del 10% más rico y el máximo ingreso del 10% más pobre, pasó de 980 veces en el 2006 a 2.200 veces en el 2009. Todo esto configura un escenario de desigualdad y malestar que no puede ni debe continuar.

Conclusión

El desarrollo de los pueblos requiere de fuertes inversiones y voluminosos gastos que deben extraerse del excedente productivo. Los pueblos que han alcanzado mayores y mejores estándares de vida, así lo han entendido. La educación nunca ha sido gratis, tampoco la salud ni la creación de conocimiento.

Cuando operan democracias políticas, los excedentes productivos se asignan mayoritariamente al desarrollo, pero, cuando operan las “democracias” privadas, estos excedentes se orientan a sustentar una elite dirigente altamente poderosa.


El Decálogo de la Emancipación y de la Segunda Independencia

“Somos prehistoria que tendrá el futuro, somos los anales remotos del hombre, estos años son el pasado del cielo ... quedamos los que puedan sonreír, en medio de la muerte, en plena luz”        (Silvio Rodriguez)



Ineludiblemente, cualquier proyecto político que busque refundar el impulso emancipador de inspiración martiana, léase la construcción de un derrotero latinoamericano sustentado en la historia y características de Nuestra América, que incluya a todas las razas y herencias, en tanto proyecto creativo y ajeno a la importación acrítica de modelos políticos y económicos, en Chile, los primeros pasos apuntan a implementar el siguiente decálogo:

1. Educación Pública Universal. El desarrollo de los pueblos requiere grandes inversiones en la formación humana. Personas ilustradas, creativas y versadas integralmente, son la base de un incremento cualitativo y cuantitativo de los estándares de vida. El país debe avanzar hacia un sistema público de educación financiado con el presupuesto del Estado, sobre la base de un sistema de recaudación tributaria progresivo, es decir, sustentado en que la carga tributaria se acentúa en quienes más ingreso tienen. Esto implica, poner término a la educación lucrativa y al financiamiento por la vía de los aranceles.

2. Salud Pública Universal. La salud como la educación constituyen un derecho y no un mecanismo de enriquecimiento. En Chile el negocio de la salud ha llegado a niveles escandalosos, siendo las isapres –administradoras privadas de salud- el tercer sector más lucrativo del país. Hoy ese derecho se encuentra severamente conculcado. Es necesario, entonces, poner fin a la administración privada de la salud y construir un servicio de salud pública eficaz y eficiente que asegure a todos dicho derecho.

3. Seguridad Social. En Chile, la administración privada de los fondos de pensión, en el marco de la obligatoriedad y sin el derecho a elegir a los directores de dichas administradoras, ha llevado a crear un foco de enriquecimiento y de financiamiento de los grandes grupos económicos, sobre la base de un sistema que deja al Estado la carga del financiamiento mayoritario de las pensiones, mientras en el sistema privado las pensiones son un tercio de las que ofrece el sector público, con rentabilidades absurdamente bajas y con pérdidas irrecuperables para los trabajadores. Solo en el 2008, se perdió el 60% del fondo acumulado por los trabajadores a la fecha. En consecuencia, urge reinstalar un sistema solidario que obligue el aporte empresarial y democratice la administración de los fondos. En un proyecto político democrático, los fondos de pensión deben estar supervisados por mecanismos que permitan un eficaz ejercicio de la soberanía popular. El sistema de AFP debe terminar y ser reemplazado por un sistema público.

4. Nacionalización del cobre y de todos los recursos naturales: hacia el uso racional de los recursos naturales y del medio ambiente. La nacionalización del cobre fue todo un acierto para Chile. Los excedentes, desde 1971 hasta el 2007, para el Estado de Chile fueron de 62.000 millones de dólares. Esto equivale a más del doble de los ingresos que el Estado ha obtenido por los impuestos que en el mismo período han pagado todas las empresas privadas existentes y que han existido en dicho lapso de 36 años. Los excedentes en el período 2005-2010 llegaron a 38.000 millones de dólares. En consecuencia, debe volver a instalarse en un proyecto político emancipador, la renacionalización del cobre y la recuperación de todas las riquezas del país, hoy en manos extranjeras. Los recursos naturales y el medio ambiente, son un capital productivo y un patrimonio irreemplazable para la humanidad. Esto obliga al desarrollo de políticas de uso inteligente, responsable y racional de esta riqueza.

5. Término del Plan Laboral. Las relaciones laborales no pueden continuar sobre las bases institucionales heredadas de la dictadura. Una de las causas del deterioro de las remuneraciones y del crecimiento de la pobreza y la desigualdad, dice relación con la debilidad del movimiento sindical y del escaso poder de los trabajadores. Es necesario, entonces, reinstalar el derecho a huelga, fortalecer y fomentar las negociaciones colectivas, terminar con el fraccionamiento de la organización sindical.

6. Nuevo trato a la inversión extranjera. Actualmente, la inversión extranjera supera el 65% del Producto Interno Bruto. Está presente en todos los ámbitos de la economía chilena. Esto gracias a una institucionalidad (DL 600 y acuerdos de libre comercio) que le da privilegios nunca antes obtenidos. Es necesario, en un proyecto emancipador, poner fin a la participación de la inversión extranjera en recursos naturales estratégicos, en los servicios básicos de agua, electricidad, gas y seguridad social. Una nueva institucionalidad debe sustituir al actual sistema e instalarse una legislación más restrictiva y fiscalizadora, para que los aportes de capital extranjero contribuyan efectivamente al desarrollo del país y no a su empobrecimiento y devastación.

7. Regulación de la banca. El sistema financiero constituye un mecanismo de acumulación y apropiación abusiva de ingresos a partir del sistema crediticio, el que se vuelve más usurero mientras mayores son las necesidades de crédito. De allí que sea necesario una regulación mucho más estricta del sistema financiero y una normativa que les obligue a financiar a sectores productivos medianos y pequeños, así como a moderar los cobros de intereses y comisiones. Un banco del Estado jugando con reglas más solidarias constituiría un mecanismo de socialización y democratización del crédito. La política bancaria de un nuevo proyecto político para Chile debe basarse en la reducción sistemática de la concentración y monopolización del crédito y del financiamiento productivo. Se debe avanzar a pasos agigantados a la democratización de la administración del crédito y del financiamiento.

8. Refundación del Estado. Es necesario avanzar hacia una refundación del Estado, en tanto agente e instrumento para inducir un desarrollo democrático y justo. Esto requiere una profunda reforma tributaria que reduzca el IVA, elimine el uso de los impuestos a las empresas como crédito para sus accionistas y mecanismo de evasión, el aumento significativo (al 35%) del impuesto a las grandes empresas y sobre la base de su aplicación a las utilidades devengadas y no retiradas. Así también, se requiere un Estado que participe activamente en la economía, invirtiendo y creando empresas públicas estratégicas que contribuyan eficazmente al desarrollo del país.

9. Legislación antimonopolio y promoción de la democracia económica. Una de las características de la estructura económica chilena es su tendencia a favorecer el monopolio y la concentración de la producción. Se requiere entonces crear una institucionalidad económica que penalice fieramente las conductas monopólicas, oligopólicas y los acuerdos de cartel, al mismo tiempo que se promueva un creciente rol de las pequeñas y medianas empresas en el proceso productivo del país.

10. Nueva Constitución y sistema electoral democrático. Es sabido el carácter no democrático de la Constitución Política del Estado de 1980 y refrendada por los gobiernos de la Concertación. Una amplia convocatoria a una Asamblea Constituyente para la creación de una nueva Constitución y de un nuevo sistema electoral, dado que el actual sistema binominal permite a una minoría del 30% ocupar el 50% de los escaños, es indispensable para un proyecto democrático y emancipador.


Condiciones necesarias

Actualmente en Chile, se están constituyendo las condiciones políticas para la instalación de un proyecto de nuevo cuño, emancipador y libertario. Se profundiza la desigualdad, la pobreza y el descontento con el eje Concertación – Alianza, así como, a principios del siglo XX, la entonces llamada “cuestión social” quebró y desautorizó el eje Liberales – Conservadores.

Dos son las condiciones necesarias para progresar en esta dirección y llegar hacia el año 2014 con un proyecto político que aglutine movimientos sociales y políticos cuya meta sea realizar cambios profundos en el proceso político y económico de Chile y concrete los cambios que se han señalado en el decálogo arriba descrito:

1. La creación de un nuevo referente político, en tanto instrumento de acción política orientado a encarnar las dos caras de nuestra tragedia: la explotación del hombre y la explotación de la naturaleza. Este nuevo referente, deberá constituirse oficialmente a lo largo de todo el país y tendrá como meta, socializar el decálogo para la emancipación y la segunda independencia, así como también, trabajar para la creación de un amplio frente de acción política que contenga a los movimientos sociales, locales, estudiantiles, políticos y a la mayor parte de los referentes obreros del país, en un proyecto común, emancipador y libertario. La meta es participar activa y eficazmente en el proceso electoral, tanto presidencial como parlamentario, que se realizará en el año 2014.

2. Esta gran tarea, requiere constituir un equipo político orientado al desarrollo institucional y a las acciones de propaganda necesarias e insoslayables, sin las cuales, no puede levantarse ni legitimarse un nuevo proyecto emancipador. Se requiere desarrollar un trabajo de dos años de intensiva difusión y propaganda, visitando todas las localidades del país, reuniéndose con dirigentes sociales, base popular, organizaciones obreras y campesinas, instalándose fuertemente en los medios de comunicación locales, regionales y nacionales.


Chile fue el primer país en adoptar el modelo capitalista neoliberal, fue el laboratorio sobre el cual muchas otras naciones fueron conducidas por los caminos de la desigualdad, el abuso y la explotación. Si cae en Chile el neoliberalismo, también caerá para siempre en todo el orbe. Es entonces urgente para Chile y toda la humanidad que se desplome en Chile el capitalismo salvaje. Esa es la tarea inmediata, mas para este siglo, la obra a realizar ya fue señalada por Martí y tanto otros: una otra Nuestra América, más libre, más democrática, más justa y más feliz.


“Te espero sin plazo ni tiempo. No temas noche, neblina ni aguacero. Acude con sendero o sin sendero. Llámame a donde tú eres, alma mía, y marcha recto hacia mí, compañero”             (Gabriela Mistral)

Marcel Claude

12 Comments:

Anónimo said...

Leí detenidamente el artículo. Me parece excelente el planteamiento, pero a la vez me deja lleno de dudas las que de a poco se fueron convirtiendo en temores.
Si bien el decálogo planteado me hace sentido y, es más, creo es necesario adoptar de una vez por todas, ¿quién o quienes son los llamados a liderar el cambio (palabra muy manoseada y desprestigiada a esta altura)necesario para implementar dichas reformas y restructuraciones del sistema político y económico?.
Por otra parte, sabemos que muchos políticos en otras latitudes han profesado similares anhelos, pero en el más corto plazo se "convierten" al neoliberalismo o terminan defendiendo aquello que tanto han criticado. En la misma línea encontramos a aquellos que logran el objetivo de revertir en cierto modo los efectos del capitalismo desatado, sin embargo comienzan a ser los guardianes de otro sistema elitista que permite a unos pocos -esta vez no los dueños de grupos económicos, sino más bien los profetas de la igualdad y la reivindicación del pueblo y los trabajadores- vivir como verdaderos monarcas de la opulencia y la segregación. Prueba de ello es la dinastía Castrista que con tanta convicción defiende la simpática jovencita del arete en la nariz.
Ahora bien, ¿existe en Chile el grupo de personajes que logren deshacerse de sus compromisos políticos y de los compadrazgos que los atan al sistema actualmente imperante?, ¿cómo asegurar que los intereses partidistas, tanto de las dos fuerzas preponderantes actualmente como de aquellas incipientes nuevas fuerzas políticas, no primarán a la hora de dar los necesarios golpes de timón que demandará este cambio planteado?; ¿seremos capaces de perder el miedo a deshacernos de quienes están atornillados en sillones de poder y liberarnos de sus tan viciadas influencias y discursos?
En mi humilde opinión, creo necesario para Chile exonerar a la actual clase política, desde quienes están ubicados en la vereda izquierda a los que están en la derecha, sólo así podremos pensar en cambios reales, sin vicios ni intenciones ocultas.

almeja del rio said...

La solución parece correcta, pero estoy de acuerdo con anónimo para señalar la necesidad de limitar y erradicar la corrupción de la clase política. Las buenas intenciones pueden convertirse en otra forma de aprovechamiento si el control de los fondos públicos y de la riqueza colectiva cae en manos depredadoras sin moral ni responsabilidad.

Anónimo said...

A nuestros politicos se les ha olvidado que fueron elegidos para representar los intereses de la ciudadania y no los propios. O no de la oligarquia. En fin, quien tome la iniciativa de llevar a Chile por un camino mas igualitario tendra el apoyo de la ciudadania porque ya nos cansamos de tanta mala calidad en educacion, salud, transporte, etc. Y a almeja del rio le pregunto si no estamos viviendo en un sistema depredador e inmoral ya desde hace mucho tiempo? Saludos Marcel y propone tu candidatura ya!

Isaac Hernández Germain said...

Don marcel, totalmente de acuerdo, rero, ¿cómo logramos este cambio sin matarnos en el camino?

Siempre me he planteado la necesidad urgente de modificar nuestro rumbo, si no lo hacemos pronto vamos directamente hacia la destrucción, pero está claro que los que tienen el poder no nos dejarán hacerlo tan facilmente.

Otra cuestión muy importante, ¿estarán nuestros compatriotas realmente conscientes del problema en que nos hemos metido?, no hay que olvidar que mucha responsabilidad la tienen nuestras autoridades nos han entregado a los privados, pero ¿cuánto hemos puesto de nuestra parte? Recuerde que muchos que hoy reclaman por la construcción de la torre de Paulmann irán a su inaguración.

Saludos.

Indignado.chile@yahoo.cl said...

Dentro de los cambios necesarios, tarea escencialmente de quienes pensamos un poco y concordamos con ellos, para que estos planteamientos tengan sentido, está crear conciencia en la sociedad chilena (concientizar en el sentido puro de la palabra) de la responsabilidad individual en el destino del país. Las redes sociales representan una oportunidad sin precedentes, de difundir ideas y crear el "momentum" necesario para realizar loz cambios. Si todos asumimos nuestro rol, el liderazgo se torna irrelevante y un mero ejecutor del deseo de la mayoría. Basta de democracia protegida, líderes iluminados y mesías arrogantes. Es en cada uno de nosotros donde reside la soberanía. Sin nosotros, el país es sólo un pedazo de tierra.

Anónimo said...

Estimado señor Claude: Ud tiene la edad suficiente para saber que todo lo que postula, proclama y propone aquí, en libros y en los medios es "vino viejo en odres nuevos". Esta palabrería izquierdista es la misma de los años sesenta, y la de los sesenta era más o menos la misma de principios del siglo XX. ¿No le da vergüenza? Se la están vendiendo a los jóvenes twitteros semianalfabetos que no entienden lo que leen y que, aunque universitarios, no muestran interés alguno en estudiar. Desde las protestas estudiantiles del año pasado se ha instalado en la sociedad una peligrosa confusión de conceptos políticos fundamentales. El juego de moda en los medios es cavar la tumba de la democracia chilena (imperfecta y perfectible, sí, pero reconquistada con mucha dificultad y harto más presentable que las de los países de la órbita bolivariana, probablemente admirados por Ud.) ¿Qué sistema político postulan realmente los estudiantes, Ud. mismo y todos esos intelectuales de izquierda que, ignorando la experiencia histórica, han vuelto a cebarse en estos viejos sistema de ideas? Nuevamente, ya no hay un lenguaje común con el que podamos entendernos. Me temo que cuando Camila, Boris o Ud. utilizan el adjetivo "democrático" le dan la acepción marxista, como en "República Democrática Alemana". Ya pasamos por todo eso. Agua pasada. Lo que hay que hacer en este país es perfeccionar la democracia representativa, reencantar a los jóvenes con la política de ideas, propositiva, y con la participación política activa pero pacífica, enmarcada en la ley (o al menos en el principio de legalidad). Sin esto solo el caos es posible. Y el caos prepara las vías al autoritarismo y a la dictadura. Hay que desarrollar la sociedad civil como se la entiende en el mundo desarrollado, y desde ahí (sin hacerle el juego a los encapuchados o a quienes los utilizan) trabajar para terminar con los abusos de las empresas y empoderar al consumidor. El liberalismo económico y político le gana a cualquier otro sistema en la creación de riqueza y en el respeto de la libertad. Pero hay que hacerlo funcionar bien y con rectitud, favoreciendo el emprendimiento y a las pymes. Cualquier otra cosa es socialismo y dictadura de izquierda. Y ya se sabe que no funciona (o si no, que le pregunten a los coreanos del norte). Un barbado historiador chileno aparece a menudo en radios y canales de TV apoyando y celebrado el asambleísmo que medra en los barrios pobre de este país. ¿Qué futuro puede tener algo así? ¿Y qué puede significar para la libertad?

Anónimo said...

Excelente.
Marcel debieras liderar el cambio.
Reunir a los mejores y que te acompañen las mentes brillantes de este país como Maturana por ejemplo.
Andrés.

Ramon Cornejo said...

De todas las propuestas de los pre-candidatos hasta ahora, la mas coherente y la mas justa que he leído, es el Decálogo de la Emancipación.
Marcel Claude representa claramente las inclinaciones políticas de la ciudadanía, que esta cansada de tanto abusos y despojos que han ocurrido a lo largo de estos ya, 40 años.
No existe ningún politico ni menos partido alguno que se atreva a mostrar tan clara e inteligente, la realidad del pais como este valiente economista.
Sin duda existen intereses de algunos por mantener el neoliberalismo a como de lugar y para ello utilizan miles de falaces argumentos para desvirtuar cualquier intento de recuperar la democracia y los recursos naturales; ellos no se permiten en su vocabulario ni en su conciencia los conceptos de cambios históricos; le temen profundamente a que la gente ocupe un lugar digno en la sociedad y les trate como iguales. La derecha es una clase de individuos profundamente corruptos y acomplejados, así como concertación.
La ciudadanía ha demostrado claramente que quiere algo diferente, no quiere mas a los políticos que por estos largos años han hecho del pais un paraíso para los especuladores.
La gente quiere que los políticos no estén bajo las ordenes de economistas neoliberales y de los grandes empresarios. La gente quiere políticos capaces y valientes que se enfrenten al capital como es debido, y que creen políticas de bienestar para la sociedad.
Mis reconocimiento a este gran aporte elaborado por un economista real del pueblo y para el pueblo. Creo que debiéremos suscribir todos a la carrera presidencial de Marcel Claude, como futuro líder de los cambios que Chile necesita.
Desde ahora por mi parte, comenzare a promocionar el Decálogo de la Emancipación y de la segunda independencia.
¡Fuerza Marcel Claude!

Anónimo said...

Como el señor Cornejo hay muchos en el Chile de hoy. Gente que se está comprando de manera irreflexiva viejas consignas de izquierda. Poca o nula conciencia histórica tenemos. Alguien cuyo nombre no recuerdo escribió que "aquel que no sabe historia no sabe nada". Es nuestro problema y la razón de nuestra perdición futura. Quienes atacan el sistema neoliberal que nos rige ¿qué sistema defienden, en realidad? ¿El socialismo a lo Chávez, ese gran mandatario que ha logrado convertir a Venezuela en el país más peligroso del mundo? ¿El socialismo dinástico de Corea del Norte y Cuba? ¿El estado de bienestar que tiene quebrada a Europa? Hay que aprender de la historia y lograr consensos básicos respecto de la sociedad que queremos. El sistema político y económico que tenemos es bueno, sólo hay que perfeccionarlo, enderezarlo y limpiarlo. Cambiar el binominal, jubilar a la actual clase política y promover nuevos liderazgos y representantes. Tomar medidas contra la concentración económica, restablecer la libre competencia y fomentar el emprendimiento y ayudar a las pymes. Es fácil de entender. Pero todo esto solo puede fructificar en una cultura del trabajo que no sea cómplice con el flojo ni con el tramposo y ladrón.

Ramon Cornejo said...

Lo que mas sorprendente es leer 'anónimos' defendiendo un sistema claramente depredador del trabajo humano, y sin arrugarse al emitir juicios poco coherentes con la realidad.
Mr Anónimo no se hace responsable de sus dichos al no entregar su identificación con nombre y apellido. ¿será que no confía en sus planteamientos? ¿tiene algo que esconder?
Aunque no interactúo con 'anónimos', solo quiero hacer algunas reflexiones:
Europa ha estado en poder del neoliberalismo por largos años y la crisis es debido a la codicia de los especuladores bancarios. Italia, Grecia Portugal, España entre otros, todos estos países que sufren la crisis creada por el capital, han sido gobernado por derechistas y socialdemócratas, al estilo de la concertación.
La ignorancia y la falta de sentido común llevan a muchos alienados por el capitalismo a encasillar a todo el que disiente del neoliberalismo como 'comunista' admirador de Corea del Norte, Cuba y Venezuela. Además con una patudez aterradora, nos tratan de flojos, ladrones, intolerantes, resentidos, etc.
¿No será que ustedes están completamente desquiciados y vuestra mente no razona apropiadamente y solo ven fantasmas? ¿o es la conciencia que les revuelve el estomago y no les permite ver la realidad?

Anónimo said...

Lamentablemente, en tu post mencionaste todos los sistemas político/económicos existentes. Si no te gustan los gobiernos de derecha o centro-derecha, los gobiernos socialdemócratas y, por lo visto, tampoco te gusta el marxismo de Cuba, Corea del Norte y Venezuela, ¿qué queda? Los países con mayor standard de vida (Noruega encabeza la lista) son socialdemocracias, sociedades que conjugan la libertad política y económica con elevados tributos y transparencia total del Estado respecto de cómo gasta el dinero de los contribuyentes. Y los ciudadanos tienen derechos, pero también muchas obligaciones (esas que los estudiantes chilenos no conocen). El resto son variaciones más a la derecha o a la izquierda de lo mismo. El éxito tiene menos que ver con la cultura de cada país que con el régimen en sí. No hay más (al menos en el mundo civilizado). ¿Qué planteas tú? ¿Asambleísmo? ¿Democracia directa? Esos son apodos elegantes del viejo marxismo. Una asamblea es un soviet. ¿Te suena ese nombre?

Claudia Aldea said...

Para lograr cambios tan profundos como los que Marcel declara se requiere algo mas que una nueva política, se requiere un cambio a nivel moral de toda la sociedad
"El mundo necesita hoy, hombres y mujeres que no se compren ni se vendan, humanos fieles al deber, como la brújula al polo"