Marcel Claude
Investigador Centro de Estudios para la
Industrialización CEIAI-GNR
Docente Depto. Tecnologías Industriales
Facultad Tecnológica
Universidad de Santiago de Chile
marcel.claude@usach.cl
La unipolaridad geopolítica del mundo a
la caída de la Unión Soviética, dejó a Estados Unidos como el gran gendarme de
la “democracia, la libertad y los derechos humanos” a nivel planetario.
Esta primacía de EEUU permitió a la
política exterior norteamericana convertir a todos los Estados vinculados a las
zonas de influencia del Oriente Próximo en estados fallidos, particularmente
aquellos que exhibían importante proyectos de carácter socialista, como afirma
la politóloga y profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad de
Madrid, Nazanin Armanian: “Estados Unidos
y la OTAN promueven una estrategia de caos controlado en la región, sea en
Irak, Afganistán, Libia, Yemen o Siria”, como un mecanismo eficaz de
dominación geopolítica.
Sin embargo, el fortalecimiento de Rusia y
China y su alianza estratégica ha reconfigurado el escenario mundial. Ambas potencias comparten objetivos
geopolíticos en común sobre todo a la hora de entender el conflicto político y
económico de estos dos países con la Casa Blanca. China es la segunda economía global que en
los últimos 28 años ha crecido en promedio anual a una tasa del 9,7% y Rusia es
una de las 10 economías más importantes del planeta. Por otra parte, con el acercamiento de
estos dos gigantes a la República Islámica de Irán, se conforma una alianza
que vislumbra la posibilidad de contrarrestar la hegemonía de Occidente, todo
lo cual, preocupa a Washington y los países bajo su influencia.
Otro elemento que lleva a pensar en que la hegemonía
estadounidense está en peligro es que éste país ostenta la mayor deuda
pública en términos absolutos del mundo. En el 2020, el medio económico “El Economista” señalaba que EU se acerca
a un abismo desconocido ya que en 30 años su deuda rozará el 200% del PIB, casi
el doble que tras la II Guerra Mundial. A esto se suma que la ofensiva contra
la hegemonía del dólar crece en todo el mundo (Expansión, 2023). Lo
anterior se verifica entre otras razones porque el dólar se está convirtiendo
en un arma de la política exterior estadounidense para castigar a quienes se
oponen a sus intereses. En Rusia lo saben por experiencia propia, ya que EU ha
congelado miles de millones de dólares de las reservas de divisas de Moscú y prácticamente
ha expulsado al país del sistema bancario mundial.
Ahora bien, en este contexto geopolítico ¿Qué
hay detrás del conflicto en Oriente Próximo y particularmente detrás de la
masacre en Gaza? Según Nazanin Armanian “No sólo hay una batalla internacional por los recursos mundiales, por
el agua, petróleo y gas, también por las rutas comerciales”. El pasado 17 de octubre –casi en simultáneo
con los “ataques” de Hamas a Israel- en China transcurría la tercera cumbre de
la Nueva Ruta de Seda, con la participación de 140 países. Este proyecto denominado OBOR (One Belt-One Road, en castellano: Un Cinturón-Una Ruta) constituye una
política emblemática del presidente Xi Jinping, y consiste en puertos,
carreteras, ferrocarriles y otra infraestructura orientada a fomentar el
comercio y el crecimiento económico con el fin de solventar el ascenso de China
como superpotencia global. Este mega proyecto de China, OBOR, entra en
colisión con la alternativa que está defendiendo Israel, el corredor IMEC,
una mega infraestructura alternativa que uniría la India con el Oriente Medio y
Europa, cuya entrada sería Jordania e Israel; por lo tanto, el Pueblo Palestino
constituye un obstáculo no menor a la hora de instalar el corredor IMEC.
No puede estar ausente en
esta reflexión sobre el Oriente Próximo, la cuestión del petróleo y el gas.
Como se sabe, en 1911 Winston Churchill decidió transformar la Armada Británica
en una flota propulsada por derivados del petróleo, en vez del tradicional
carbón. A partir de ese momento, garantizar un acceso fluido a los depósitos de
crudo se convirtió en una prioridad para las potencias occidentales, dado que
el petróleo llegó a ser el combustible por excelencia de la economía mundial y es
bien sabido que entre Oriente Próximo y África disponen de más del 70 de las
reservas probadas de petróleo. Por
otra parte, De los 15 países con mayores reservas probadas de petróleo en el
mundo al 2020, África y Oriente Próximo representan el 57%, mientras EU apenas
llega al 4% y ningún país de Europa Occidental se encuentra dentro de ese
selecto grupo. Más grave aún, según el
director del Centro de Investigación en Energía de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), Claudio Estrada, sólo faltan 42 años para que se
agoten las reservas de crudo existentes en el planeta. Consecuentemente, las cifras hablan por sí
solas acerca del factor estratégico para el modo occidental de vida que tiene
el petróleo y las zonas del mundo que lo poseen.
En relación al gas natural, es
de público conocimiento que la zona del Oriente Próximo es también rica en este
recurso, ya que para el año 2022 importantes países árabes, entre ellos
Arabia Saudí, Irán y Emiratos Árabes Unidos, están dentro de los 10 países con
mayores reservas de gas natural. Además,
sabemos que Israel ha empezado a extraer gas del campo de Leviatán, una gran
reserva de gas natural en la costa mediterránea israelí frente a la franja de
Gaza. La explotación del Leviatán está
orientada a convertir a Israel en un centro energético que exporte gas a
Europa. En este
contexto, no resulta difícil vincular la política de aniquilación de Israel en
la Franja de Gaza, con ciertos intereses económicos que están en la carpeta de
proyectos económicos de la región.
Ahora bien, dada la relevancia
estratégica y geopolítica del Oriente Próximo, un país con vocación
imperialista como lo es EU, necesariamente debe marcar presencia de manera
contundente y categórica, más aún en un escenario en donde países como Rusia y
China, le están disputando la hegemonía global y, como se encuentra a mucha
mayor distancia que sus contendores, a través de Israel y de sus bases
militares que acogen a cerca de 50 mil efectivos militares, puede mantener su
influencia geopolítica en la región. Hace 40 años, el secretario de Estado,
Alexander Haig, designado por el entonces presidente Ronald Reagan, declaraba
sin remilgo alguno que “Israel es el
mayor portaaviones estadounidense, es insumergible, no lleva soldados estadounidenses
y está ubicado en una región clave para la seguridad nacional de Estados Unidos”. A confesión de partes, relevo de
pruebas. Desde la Segunda Guerra
Mundial, Israel ha sido el mayor receptor general de ayuda exterior
estadounidense. Desde 1951 hasta 2022,
la ayuda militar estadounidense a Israel ha sido de US$225.200 millones. Esto le permite a Israel consolidarse como
una potencia militar gravitante en Oriente Próximo, dado que, el gasto militar
de Israel el año 2022 –según SIPRI- alcanzó los 23.406 millones de dólares
(M$), muy por encima de sus países vecinos como Jordania con 2.323 M$, Egipto con
4.646 M$ y Líbano con 4.739 M$ y también lejos de los 6.846 M$ de Irán o los
10.644 M$ de Turquía, sus adversarios regionales más poderosos.
Asistimos a una
etapa superior del modo capitalista de producción, en lo que a inhumanidad y
crueldades varias se pueda uno referir. La
envestida en contra de los desheredados, en contra de los que nunca han poseído
la tierra se ha recrudecido, y ya no es la histórica lucha por la apropiación
del excedente económico, hoy es una batalla por la supervivencia, por los
recursos más elementales. Y esa batalla la estamos perdiendo. Una relación altamente lucrativa entre la
muerte y el capital se ha ido progresivamente normalizando, vale decir,
transformar el sufrimiento humano y animal en ganancias de capital. Prueba de ello, como publica “El Economista”, el crecimiento en el
valor de las acciones en bolsa de las empresas de armamento con las masacres en
Gaza, como también ocurrió con la invasión en Irak.
“La rabia bomba, la rabia de muerte, la rabia imperio asesino de niños”
(Silvio Rodriguez, Días y Flores).